El
desapego, un camino
Debemos
aprender a convivir con lo que no se puede cambiar, es cierto, pero no como una
suerte de resignación, sino como convicción que apunte a la búsqueda de
nuestro crecimiento espiritual.
Ese
crecimiento está ligado a la capacidad de superar de manera constructiva
nuestras pérdidas. Un obstáculo frecuente en este difícil y responsable
camino es el “apego”, entendiendo como tal al egocentrismo que nos ubica
como protagonistas únicos del dolor, sometiéndonos a la tiranía a la que
pretende condenarnos el pasado, y a asumir un rol de víctima, que es una forma
de chantaje hacia los demás, reclamando de ellos su permanente consideración y
cuidado. El desapego, como posible y saludable camino, no significa
olvido ni tampoco desamor,
es en cambio la posibilidad de crear un espacio entre el dolor por la pérdida y
el seguir llevando adelante nuestro propio proyecto de vida.
La superación del duelo se manifiesta por 1) la capacidad de recordar sin caer en el sufrimiento y la queja permanente, y 2) el poder abrirse a nuevas relaciones y aceptar el desafío al que la vida nos enfrenta.