La muerte de una relación de pareja, como la
muerte a secas, puede obedecer a diversas razones si es que empleamos los diagnósticos
a los que la medicina nos tiene acostumbrados, y con los cuales suele
asustarnos.
Son
a saber:
Infarto: la crisis se desencadena de modo abrupto, algo ha sucedido que resulta inadmisible para los dos, o al menos para uno de ellos, y todo termina de manera inmediata y violenta.
Enfermedad virósica: Los virus se introducen por los resquicios de la
pareja, habitualmente se trata de virus
seductores y bien parecidos que encuentran en uno de los dos integrantes
un terreno fértil. Estos peligrosos visitantes suelen tener nombres de mujer o
de hombre, que resultan a menudo poéticos, tales como Demián o Gissella.
Enfermedad terminal: la relación se deteriora día a día en un doloroso y
lamentable proceso, en el que ninguno de los dos es capaz de detener el
inexorable y penoso derrumbe de un vínculo que ya no tiene razón de ser.
Enfermedad hereditaria: la intromisión de los genes familiares se han
encargado minuciosamente de terminar con la relación de
pareja
Muerte asistida: dos personas maduras que admiten haber dejado de amarse,
se someten a la intermediación de una terapia de pareja que los ayude a
terminar buenamente con la vida del vínculo.