Grupos de autoayuda: Están compuestos por personas que comparten una situación o experiencia de vida en común. Se caracterizan por la ausencia de jerarquías entre sus miembros. La coordinación de los mismos no la ejerce ningún líder sancionado, y es conveniente que quien ejerza este rol no se perpetúe en el mismo. Tienen ciertos preceptos básicos que deben respetarse para su normal funcionamiento y que configuran el sistema de creencias que es acorde a la finalidad de cada grupo. Son gratuitos para sus integrantes y se autoabastecen con muy pequeñas erogaciones, suficientes para compartir una taza de café o imprimir algunas fotocopias necesarias para la tarea. No se adhieren a ninguna organización gubernamental, partido político o creencia religiosa en particular, y nadie será excluido por sus adhesiones personales en estos temas.
Dentro de estos grupos, los de pérdida de hijos o seres entrañablemente queridos presentan diferencias con aquellos a quienes los reúne una adicción, patología o enfermedad terminal, ya que no se trata en este caso de superar ninguna adicción, aprender a convivir con una determinada patología o de mejorar la calidad de vida y poner al día los vínculos afectivos de quienes se disponen a una irremediable partida. Perder a un hijo no significa una patología ni una enfermedad psicológica. Se trata de una crisis vital. Nadie es el mismo luego de haber perdido un hijo, se produce una ruptura epistemológica donde todo nuestro sistema de creencias se siente modificado. Es la oportunidad, no buscada, de revisar nuestros objetivos y nuestra espiritualidad para poder primero incorporar el dolor de haber sufrido tanto, y luego trascenderlo, y llegar con nuestra ayuda al dolor ajeno.
En estos grupos se pueden transitar distintos niveles: el 1º en donde se recibe a un nuevo padre. Habitualmente en estos casos el duelo es reciente y el nuevo integrante solo necesita ser escuchado y contenido. La descarga (catarsis) es aquí imprescindible y beneficiosa. Para esta contención se requiere la participación de otros padres que hayan transitado ya, al menos una parte de su proceso de duelo. En esta instancia más que las palabras es importante el lenguaje corporal, una mano que se acerque, un abrazo que se otorgue suelen ser requeridos y bienvenidos. El 2º es básicamente testimonial: los padres necesitan hablar de sus hijos, contar como eran, mostrar sus fotos y sus escritos, narrar las circunstancias del deceso, expresar sus emociones personales, que habitualmente son en un principio negativas, predominando el dolor, la bronca y la culpa, a veces proyectada en terceras personal. Es una etapa caracterizada aún por el egocentrismo donde lo importante es "su" dolor. De todos modos se trata de una instancia necesaria y productiva, ya que se aprende a manejar el lenguaje común, a participar entre pares, a adquirir sentido de pertenencia generando confiabilidad, y es aquí donde se realizan los primeros encuentros fuera del ámbito de las reuniones y donde se recuperan, lentamente las primeras sonrisas, sólo permitidas precisamente entre pares, con quienes podemos no sentirnos juzgados. También es aquí donde se inicia a reconocer el dolor ajeno. De todos modos este nivel puede, con el tiempo agotarse al agotarse los testimonios y comenzar las deserciones si no se pasa al 3º nivel: de reflexión: superada la etapa testimonial comienza el análisis de la propia existencia, el reconocimiento de nuestra imperfección, de nuestro lado bueno y de aquellas particularidades que necesitan ser modificadas para poder ayudarnos de la mejor manera posible, que es ayudando a otros. Es la muerte definitiva del egocentrismo y la posibilidad de superar el "apego" que nos hace cautivos del pasado. En este nivel se puede continuar trabajando mucho tiempo ya que se trata de un análisis existencial que nos posibilita encontrarnos con nosotros mismos y con un proyecto de vida que trascienda el dolor y nos permita acceder al crecimiento espiritual.
Es necesario destacar algunas características diferenciales entre el grupo "cerrado" y el grupo "abierto". El grupo cerrado que mantiene una misma cantidad de integrantes sin ingresos ni egresos presenta: mayor confiabilidad y entrega, es más profundo, intimista y reflexivo, trabaja más en torno a una idea generando mejores resultados y mayor capacidad de síntesis, tienen un esquema corporal definido y un mayor sentido de pertenencia. Si fueran sólo testimoniales al tiempo se agotarían. El grupo abierto: puede ser sólo testimonial sin agotarse. La interacción, la confiabilidad y el sentido de pertenencia es menor. El crecimiento de sus integrantes es más desparejo e individual. Las deserciones son habituales y sus causas suelen no importar ni analizarse.