·       La elaboración de un duelo requiere de nuestro esfuerzo personal

·       Que no se puede delegar en paternalismos ni en los grupos en que participemos.

·       Las pérdidas significativas nos vuelven distintos. Algo ha concluido y algo comienza.

·       Podemos elegir con libertad el sentido de nuestro cambio.

·       Recordando y viviendo éticamente.

·       Trascendiendo espiritualmente y superando el egocentrismo.                                                  

·       Rehaciendo el vínculo con el hijo dentro nuestro, ya que la muerte no es ausencia, es una presencia distinta.

·       El crecimiento está ligado a la capacidad de superar de manera constructiva las pérdidas.

·       El desapego no es olvido ni es desamor, es la posibilidad de crear un espacio entre el dolor por la pérdida y el seguir llevando adelante el propio proyecto de vida.

·       La superación del duelo se manifiesta por 1) la capacidad de recordar sin caer en el sufrimiento y la queja permanente, y 2) el poder abrirse a nuevas relaciones y aceptar el desafío al que la vida nos enfrenta.