El infiel
En el amor las personas débiles, inseguras o
desvalorizadas, aceptan con más
facilidad el engaño que el abandono. Por ello es qué, en realidad, el infiel
no podría engañar a nadie si no contara con la inapreciable ayuda del engañado,
que frente a la escena temida que significa para él, ser abandonado, hace su
negocio. Prefiere no
enterarse, y acepta el duro precio que significan
las irónicas indirectas o las sonrisas burlonas de quienes, como amigos
o enemigos, están al tanto del suceso.
Como moneda de cambio, logra que el infiel siga por ahora,
comiendo en casa y durmiendo a su lado, en general nada más que durmiendo.
En cambio con las personas seguras de sí mismas, el candidato a infiel deberá cuidarse, ya que toda travesura se cobrará al contado y de inmediato, y puede ocurrir que luego de un momento clandestino y divertido vivido entre las cálidas sábanas del engaño, el infractor a su regreso, tenga que – sorpresivamente - dormir a la intemperie.