Un dejo de tristeza:

A veces alguien, cercano a nuestros afectos nos dice: “te noto triste”.

Sorprendidos o descubiertos, caemos en la cuenta que es cierto, que un dejo de tristeza nos ocupa en ese momento, sin que podamos relacionarlo con hechos actuales.

Debemos reconocer que en nosotros, desde una aciaga fecha que todos recordamos muy bien, se ha instalado una tristeza esencial.

Luego, a lo largo del proceso hemos ido encontrando algunas respuestas, y pergeñando un camino para poder seguir andando dignamente.

Si bien hoy la tristeza no detiene ese andar, es natural que a veces nos visite.

No debemos preocuparnos.

Esa velada y sutil aflicción que aparece por momentos y que algunos, dotados de fina percepción puedan leer en nuestra mirada, es en todo caso un merecido homenaje para aquellos que hoy no están, y es también la evidencia de que no hemos elegido para mitigar los hechos, el facilismo que propone el olvido.