Preguntas habituales
-El duelo, aún siendo muy doloroso, se resuelve con el tiempo, y no es beneficioso, persistir siempre con el mismo tema, porque entonces se cronifica, se vuelve crónico.
Y
el duelo no tiene por qué ser un proceso crónico.
-Creo
que no hay que temer que el duelo se cronifique, porque el duelo, es crónico.
Pero no en el sentido en que vos lo expresás,
crónico es un adjetivo que la medicina suele emplear para calificar
ciertas enfermedades, patologías que perduran en el tiempo. Y como el duelo no
es una enfermedad, sino una respuesta normal frente a la pérdida, no podemos
calificarlo de crónico, aunque ciertamente lo sea.
Entonces si no querés hablar de crónico, ¿cómo lo
definis?
Yo diría que, en vez de crónico, podríamos definirlo como un sentimiento permanente, que nos acompañará de por vida.
-Así que según vos, está uno resignado a sufrir de por vida la pérdida de alguien.
-No
yo no digo eso, digo que es un sentimiento permanente, no un sufrimiento
permanente. Si hubieran detenido el tiempo, el día o al otro día de la muerte
de un hijo, los padres, hermanos y
demás deudos estaríamos sí condenados a sufrir a perpetuidad.,pero
no, por suerte el tiempo se deslíe y
no hemos quedado detenidos en aquel día de horror e incertidumbre, y
como dice Joseph Conrad: la memoria
del corazón atesora los buenos recuerdos y desgasta los malos, como una manera
de sobrevivir. El sufrir pasa, pero el haber sufrido, no, y ese haber sufrido
nos vuelve distintos, nos sensibiliza ante el dolor de los demás.
-Vos crees que pese al propio dolor uno está en
condiciones de atender el dolor de los demás?
-No
en un primer momento, seguramente, porque estamos llenos de rabia, porque
creemos que se a cometido una injusticia, porque buscamos culpables. Pero cuando
agotados, levantemos la vista, podemos ver el dolor de los demás. Así comienza el egocidio, que
es matar nuestro protagonismo y nuestra egolatría. los grupos de autoayuda son
un buen lugar para que esto ocurra, ya que nos ayudan a perder el protagonismo.
-Yo creo que en algún momento hay que olvidar, hacer un corte, sino no se puede seguir.
-Precisamente
eso, es lo que no hay que hacer, olvidar. El recuerdo cariñoso y permanente de
ese ser querido, debe viajar con nosotros, porque la vida, está adelante. En
eso radica la necesidad del desapego.
¿De qué se trata?
.Se trata de que convivan dentro nuestro, el recuerdo
permanente, con nuestro propio proyecto de vida.
-Llega un momento en que hay que pensar en otra cosa.
-Pensar en otra cosa para no afrontar los sentimientos que nos visitan, sería negar lo sucedido. Cuando el niño que se golpea con un juguete, y con lágrimas en los ojos nos dice: no me dolió, esta negando, pero negar no lo exime del dolor.
Cuando
la zorra que no alcanza las uvas, ya agotada
se aleja diciendo: están verdes, la negación no le quita el hambre. No
podemos aceptar el facilismo que propone el olvido. Para dar una respuesta,
debemos comenzar por aceptar la realidad, y la realidad no podemos elegirla, la
realidad es o fue.
-Sin
embargo muchos psiquiatras y psicólogos afirman que un duelo no debe
perpetuarse,
hay un tiempo para llorar dicen, luego hay que dar vuelta la hoja y no incomodar
a los demás con nuestras letanías.
-No me extraña, buena parte de los psiquiatras y psicólogos confunden la aflicción que provoca la pérdida con una depresión, que debe ser medicada, y por supuesto, como lo hacen con toda patología, intentan evitar que se cronifique.
La asistencia en duelo, si fuera necesaria, debe quedar restringida a aquellos profesionales, que con un entrenamiento adecuado tomen al duelo como lo que en realidad es: una crisis existencial, y por consiguiente un vació existencial que requiere nuevas respuestas que le otorguen un sentido a la vida.
Solo
en los casos de duelos que se instales en personas con algún tipo de
psicopatología previa, o en aquellos duelos detenidos frente a
uno de los obstáculos que suelen acompañarnos, sobre todo al principio
del duelo, en estos casos sí, ya que la dificultad que entrañan y el
sufrimiento que provocan, exceden los límites de contención que puede ofrecer
un grupo de autoayuda.
Cual
sería entonces la diferencia de
objetivos a lograr, en un grupo de autoayuda y en un tratamiento del duelo?
Ninguna diferencia, solo que el
terapeuta dispone de elementos teóricos para afrontar las dificultades que no
puedan ser resueltas en la autoayuda.
Si
los objetivos entonces no difieren, ¿cuáles son en síntesis esos objetivos?
Los objetivos que el grupo o el
terapeuta de duelos pretenden son: poder realizar el egocidio, trascender
nuestro propio dolor y aceptar y practicar el desapego. De este modo el duelo
entra en su etapa reparatoria, para ser finalmente ese sentimiento permanente
que nos une a quienes se han ido, y que nos permite afrontar los desafíos de
continuar comprometiéndonos con la vida, con el amor, con la atención
solidaria hacia el dolor de los demás.
Los
grupos de autoayuda que vos nombrás, son grupos terapéuticos coordinados por
profesionales?
No, son grupos de pares. Personas que
comparten una experiencia de vida en común, que se reúnen con la finalidad de
trascender su dolor, y encontrar respuestas que le otorguen un nuevo sentido a
sus vidas. Si son terapéuticos, te diría que sí, ya que terapéutico es todo
aquello que nos ayude a crecer, pero no requieren de la participación de
profesionales, salvo que el profesional sea un integrante más, por haber
transitado la misma experiencia de vida.
Cuales
son, para vos, los duelos más difíciles de resolver?
Todo duelo es singular, y depende de
múltiples factores. Creo que la mayor dificultad se presenta en quienes creen
que el tiempo todo lo resuelve, en quienes no comprenden que el duelo es un
proceso activo, que requiere de su participación, a través de actitudes,
decisiones y respuestas personales que le permitan reinsertarse en la vida,
manteniendo el permanente y cariñoso recuerdo de quienes no están.
Y
cuales son los obstáculos que se deben superar en el camino de un duelo?
Los obstáculos que suelen dificultar
y detener el normal proceso del duelo son: La culpa, el resentimiento, la negación,
la idealización, el perpetuarse en un rol de víctima, el inútil sentimiento
de fidelidad hacia el ausente, la comparación con otros duelos y el quedar
sometido a las escenas temidas.