Dijo Bernard Shaw tras la muerte de William Morris: Los muertos recién desaparecen con la muerte de sus deudos, y por lo tanto son estos, quienes deben continuar siendo su pensamiento y su recordada memoria.
El colectivo avanzaba lentamente por la avenida Las Heras. A través de la ventanilla iba leyendo, casi sin querer, nombres de calles, de comercios, afiches y la variada propaganda callejera. Sentía cierto desagrado al comprobar que muchas palabras, aquí en Buenos Aires, estaban escritas en inglés. Pensaba: adonde nos llevaría nuestro pronunciado sometimiento cultural al gigante del norte. Pese a éste o a algún nuevo pensamiento que momentáneamente pudiera ocuparme, iba yo sintiendo la comodidad que proporciona el que otro maneje, mientras nos abandonamos al ocio de dejar vagar nuestra imaginación, sin tener que estar atentos a las penurias del tránsito.
De pronto, al cruzar la avenida Pueyrredón apareció la dilatada plaza, y a lo lejos la vieja calesita. Te recordé junto a tu hermano, apenas mayor que vos, trepados a caballos o aeroplanos, pletóricos de alegría y en pos de una sortija.
Los veía pasar, vuelta tras vuelta., y pasabas con tu pelo rubio y lacio flotando en la tarde apacible, que lentamente se iba haciendo crepúsculo, y nos saludábamos tal vez innecesaria mente vuelta tras vuelta. Es que no era un saludo, era sólo amor.
Tenías seis años y un mundo por delante.
Quizá para ese entonces, no tenía yo demasiada conciencia de que era feliz, de que éramos felices. Hoy sé que lo fuimos.
Con la felicidad debe ocurrir lo mismo que con la salud. Se empeña uno en definirlas precisamente cuando se alejan de nosotros. Como si el definirlas sirviera para recuperarlas.
Se dice que el sufrir pasa, pero el haber sufrido, no. Del mismo modo reflexiono que la felicidad pasa, pero el haber sido feliz, no. Y si hoy me pertenece el haber sufrido, también me pertenece el haber sido feliz, y es seguro que fui feliz junto a ustedes, mis dos hijos hasta ese entonces, y hoy soy el guardián de esas dulces memorias.
Cuando volví de este perdurable recuerdo, el colectivo avanzaba por Junín buscando la plaza del Congreso y yo retornaba a instalarme en la realidad cotidiana para cumplir con un mero trámite.
Iba casi feliz, sintiendo que siempre estás conmigo y que el estar juntos es nuestro íntimo secreto, del que a nadie debemos darle cuentas.
Dijo Bernard Shaw tras la muerte de William Morris: Los muertos recién desaparecen con la muerte de sus deudos, y por lo tanto son estos, quienes deben continuar siendo su pensamiento y su recordada memoria.
C. J. B.