1)El placer de compartir o la esclavitud de la monogamia

      

             Desde el inicio se plantea la disyuntiva: el placer o la esclavitud. No es la pareja  sinónimo obligado de ninguna de las dos instancias. Múltiples factores (muchos de los cuales dependen, claro está , de nuestra participación), contribuyen al logro de una deseada  y placentera armonía o de una convivencia tediosa y angustiante.

          En suma, vivir en pareja no constituye apriorísticamente una asegurada felicidad, tampoco, desde luego, es sinónimo de una vida desdichada; nuestra es la responsabilidad de otorgarle al intento el adjetivo, los matices  o el destino que seamos capaces. La oportunidad es halagüeña, ya que compartir y convivir es una necesidad inherente a la condición humana.

          Cada uno aporta  en un comienzo su dote individual de costumbres, hábitos y mandatos internos recopilados a lo largo de la vida. Inicialmente, y en general de manera tácita (entre el decir y el callar), se establecen nuevas normas que combinan de la mejor manera posible las expectativas, los permisos y las prohibiciones que configuran la manera de sentir de ambos integrantes. Si bien es probable que en un comienzo la pasión inicial minimice las diferencias que desde ya normalmente existen (“y porque amor no es aureola ni cándida moraleja...” dice Mario Benedetti), estas diferencias se irán luego haciendo evidentes, dando lugar entonces a los primeros desencuentros.

              Las  etapas iniciales del vínculo se nutren de la capacidad de tolerancia y adecuación de la que ambos integrantes dispongan frente a  las demandas del otro, sin resignar por ello sus propias expectativas. 

         Por sus características dinámicas, el vínculo requiere  permanentes cambios que, como más adelante iremos viendo, tienen que ver con las distintas actitudes que asumimos en los variados momentos por los que transita la relación de pareja. En la medida en que armónicamente se implementen, otorgarán a la relación la cuota de creatividad  necesaria para escapar a la monotonía y a la rigidez empobrecedora.

Inicio aquí una recorrida por algunos aspectos que considero importantes a  tener en cuenta en el intento por lograr una relación armoniosa, duradera y feliz.        

         Tal vez no constituyan un hallazgo, y su escaso mérito no vaya más allá del de una recopilación, un intento de ordenar anécdotas, comentarios, experiencias y, porqué no, confesiones que he escuchado a lo largo de los años...

          El probable lector podrá cotejar sus amores con éstas reflexiones, y lápiz en mano, junto a su pareja si es que la tiene, podrán tachar, agregar, enmendar o corregir éstos renglones hasta lograr darle forma al libro que mejor represente su manera de sentir. Una sugerencia final es otorgarle a “su” libro un carácter provisorio, ya que verá Ud., si le da tiempo al tiempo, con que frecuencia  son necesarias las enmiendas.     

 

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