Hace
unos días, una mujer a la que no conozco, me llamó para contarme que había leído
mi libro sobre el duelo. Luego de su emotivo agradecimiento, me preguntó cuanto
tiempo hacía que habías muerto. Se lo dije y me respondió: “bueno, entonces
le faltan trece años menos para el reencuentro”
Le agradecí su profunda convicción. Luego pensé que yo no espero ese reencuentro. Es innecesario. Porque nunca te fuiste de mí.